En su artículo "Crisi (2): 1929", Xavier Sala i Martín afirma que no estamos ante una nueva gran depresión como la de 1929. Argumenta que la razón más importante es que la tasa de retorno de las inversiones en el sector no financiero en 1929 era del 0,5%, mientras que ahora es del 10%. Es cierto que el sector monetario y financiero ha cometido muchos excesos (Reserva Federal y Wall Street), mientras que la economía real ha aumentado su productividad gracias especialmente a la innovación en los sectores vinculados a la informática, Internet y las nuevas tecnologías. Pero no es menos cierto que la década de los felices años 20, del Charleston y el gran Gatsby, fueron también años de numerosas innovaciones técnicas que fueron aplicadas a las empresas. Sólo es necesario recordar a Thomas Alva Edison, el gran inventor y hombre de negocios norteamericano, con más de mil patentes en su haber que revolucionaron no sólo el mundo empresarial, sino también la vida social (pensemos, por ejemplo, en el filamento de la lámpara incandescente). El resultado fue un aumento importante de la productividad que en modo alguno impidió el fatal desenlace.
Por otra parte, Sala i Martín omite una importante semejanza entre la depresión de 1929 y la actual. Ambas han estado precedidas por una gran creación de moneda por parte de los Bancos Centrales, prolongados períodos de intereses artificialmente bajos y un brutal aumento del crédito concedido por los bancos comerciales. Discernir las causas y naturaleza de las crisis económicas es importante para no pecar de ingenuo optimismo y no equivocar las recetas que pueden sacarnos (o no) de ellas.
sábado, 18 de octubre de 2008
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